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Los logros en los tratamientos médicos de la infertilidad constituyen unos de los avances médicos más importantes en los últimos años. Si bien es factible hoy en día lograr embarazos para situaciones ni siquiera soñadas hace unos años, los tratamientos disponibles no aseguran en un cien por ciento el éxito inmediato para todas las parejas y para algunas de ellas el bebé tan deseado sólo llega después de algunos intentos y algunas veces nunca.
Debido a que cada intento fallido es desgastante tanto emocional como económicamente, las parejas que tienen que afrontar esta situación se preguntan con frecuencia si están recibiendo el tratamiento más idóneo. Esta guía intenta orientar a estas parejas para que ellas mismas busquen y obtengan las respuestas a sus inquietudes.
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Se considera que una pareja es infértil si la mujer no queda embarazada después de un año de tener relaciones sin protección.
Generalmente es el gineco-obstetra general el encargado de efectuar el primer despistaje de cuál es la causa de la posible infertilidad y recomendar el tratamiento correspondiente.
Si el caso y el tratamiento son simples (por ejemplo, un contaje de espermatozoides moderadamente disminuido, que requiere inseminaciones artificiales simples) lo más probable es que el mismo gineco-obstetra solucione el problema.
Sin embargo, si el caso es más complicado o el tratamiento no da resultado dentro de un periodo de unos seis meses, es necesario que la pareja acuda a un especialista en fertilidad, dado que dejar pasar el tiempo atenta contra una mayor posibilidad de solucionar el problema.
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Existen tanto causas femeninas como masculinas. Las más comunes de origen femenino son, además de las alteraciones hormonales, el bloqueo de las trompas de Falopio, la disminución de la reserva ovárica (por edad avanzada, razones quirúrgicas, genéticas, etc.), la disfunción ovulatoria (por ejemplo Síndrome de Ovario Poliquístico), la endometriosis, entre otras.
El factor masculino se debe a anomalías anatómicas (varicocele, criptorquidia, ausencia congénita de conducto deferente, etc), que resultan en una mala cantidad y/o calidad de espermatozoides en el eyaculado. También existen causas de origen inmunológico, cromosómico, radiación, quimioterapia entre otras.
No es raro que en una misma persona exista más de una causa y que en una pareja ambos miembros contribuyan a la falta de fertilidad.
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Algunas causas de infertilidad (por ejemplo, ciertas disfunciones hormonales o un contaje de espermatozoides moderadamente disminuido) se pueden solucionar con tratamientos simples y económicos (relaciones dirigidas, inseminaciones artificiales homólogas, etc.) Únicamente cuando se sabe a priori que estos tratamientos no van a dar resultado o cuando ya se probó que las alternativas sencillas no dieron resultado, se recurre a métodos de reproducción asistida de alta complejidad (ART), tales como Fertilización In Vitro (FIV) , inyección Intra-citoplasmática de espermatozoides (ICSI), entre otros, buscando utilizar siempre, dentro de ellos, los más sencillos. Un diagnóstico completo y correcto es fundamental para iniciar el tratamiento indicado y evitar demoras innecesarias y contraproducentes.
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