Se produce por la contracción involuntaria de los músculos perivaginales, por lo cual la entrada de la vagina “se obstruye”. El varón se encuentra con un tabique, es como si la mujer no tuviera nada por donde ser penetrada. El miedo al dolor es una de las causas de esta alteración, la mujer “se defiende” no permitiendo el coito pero lo hace inconscientemente. Puede excitarse mientras sepa que no será penetrada, cuando esta posibilidad aparece, el peligro la hace “cerrarse”, aunque mantenga su respuesta sexual completa (deseo, excitación, orgasmo), mientras no se sienta amenazada por la penetración.
Causas mas profundas nos hablan del temor irracional (fobia) a la penetración. Generalmente son las mujeres que tuvieron una sexualidad infantil fuertemente reprimida o traumatizada (abuso sexual). Este trastorno sexual femenino requiere de una tarea constante de recuperación de la confianza y de estimulación del crecimiento personal de la mujer que lo sufre. Es necesario aprender a ser mujer adulta, sin temores al pasado cuando era niña.
En el matrimonio no consumado suelen vincularse alteraciones sexuales de ambos miembros de la pareja: disfunción erectiva o eyaculación precoz del varón, con dipareunia o vaginismo en la mujer: en estos casos, pueden ser parejas que hayan tenido relaciones sexuales durante años, pero sin haber llegado a la penetración, tradicionalmente llamada “consumación matrimonial”.
Los motivos de esta situación pueden encontrarse en causas orgánicas, pero son sostenidas largamente por cuestiones emocionales de ambos. La penetración necesita de cierta dosis de agresión sana para ser llevada a cabo, si un varón teme dañar, no penetrara. Si una mujer teme ser dañada no podría ser penetrada. Incluso esta dificultad puede no ser motivo de preocupación hasta que la pareja desea tener un hijo.